Evergreen International logo
Evergreen International is the most complete resource
for Latter-day Saints on same-sex attraction.


Picture of Jesus Christ © Greg Olsen. Used by permission.
home  |   learn about same-sex attraction  |   support groups  |   conferences/firesides  |   articles  |   newsletters  |   languages  |   bookstore  |   about us
 

Testimonio de Jason

Conferencia Anual de Evergreen International - 1998


Compartir este testimonio es una cosa muy seria, y me siento inadecuado al hacerlo. Digo ésto porque es difícil mirar hacia atrás y poner juntas todas las piezas de mi vida que han hecho lo que soy ahora; tambíen reconozco que todavía tengo mucho por recorrer.

Siempre he tenido problemas en mis relaciones tanto con hombres como con mujeres. Mis padres no me ayudaron mucho en ésto, ya que ellos eran controladores y manipulativos. Mi padre nunca estuvo mucho en casa porque tenía dos trabajos y porque bebía. Mis padres no eran malas personas o malos padres. En realidad ellos eran gente excepcional, pero también tenían problemas excepcionales.

Recuerdo que cuando estaba en segundo grado, amaba los deportes, especialmente el béisbol y el fútbol americano. Por supuesto, a esa edad, ni yo ni mis compañeros éramos buenos en los deportes, pero nos gustaban los desafíos. Recuerdo que repetidas veces le pedí a mis padres si podía anotarme en un equipo de béisbol. Nunca me lo permitieron. Ellos temían que yo perdiera el interés, y que de esa manera se derrochara el dinero. Ellos no tenían ningún interés en venir a los partidos y pensaron que eso sería una gran carga de tiempo para sus agendas. También temían que yo me lastimara. Así fue que, mientras mis compañeros mejoraban en los deportes, jugando en equipos o siendo enseñados por sus padres, yo no lo hacía. Por supuesto, otras personas se dieron cuenta que yo no era bueno en los deportes, y no me querían en sus equipos del colegio. Muchos me molestaban por mi altura y algunos kilos de más.

Empecé a a desear tener lo que mis amigos tenían. Ellos parecían entenderse en una forma que yo no entendía. De los doce a los trece años me preocupé bastante en esos chicos misteriosos que parecieron entenderse siempre, pero parecían asociados en algún tipo de sociedad secreta como para aceptar gente de afuera, como yo. Durante ese tiempo, las intrigas que tenía por los hombres se volvieron fantasías, y las fantasías se volvieron cada vez más fuertes y más vívidas en mi imaginación a medida que pasaba el tiempo.

Cuando tuve diecinueve años me reactivé en la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Dias luego de once años de inactividad. Al poco tiempo decidí servir una misión, y serví honorablemente en la Misión Little Rock, en Arkansas. A los 22 años regresé de mi misión sin haber podido sacarme de encima lo que parecía una terrible maldición. Nunca había tenido relaciones íntimas con nadie, pero me sentía culpable de sentir lo que sentía. Luego de haber estado en casa por cinco meses, me encontré buscando encuentros con otros hombres. Quería tanto entender a otros hombres, y que mi amor fuese correspondido. Le comenté a mi obispo acerca de los sentimientos y deseos que tenía. El fue muy amable y comprensivo, y me aconsejó ver a un terapeuta que era conocido por sus logros. Aunque éste era un buen terapeuta, sabía muy poco acerca de este tema, y él estaba convencido de que no progresaría mucho tratando de superar mi atracción por los hombres. De más está decir que nuestras reuniones no fueron muy benéficas, y abandoné la terapia luego de dos meses. Estaba muy decepcionado conmigo mismo y enojado con la vida por la cruel parte que me había tocado vivir. Me cansé de tener deseos por relaciones íntimas con otros hombres, y al mismo tiempo, de estar en armonía con Cristo y sus enseñanzas.

En agosto de ese año decidí que la única forma de salir de ese infierno era suicidarme, y que hoy era el día. Mientras manejaba hacia casa, donde planeé llevar a cabo todo, fui incitado a chequear por otro libro en la librería para ver si podía encontrar algo que me diera alguna esperanza de cambio. Busqué y busqué, sin saber siquiera qué título estaba buscando. Cuando estaba por irme, mi ojo cayó sobre el título de un libro. Era Tú no tienes que ser gay. Luego de tomar coraje para comprar un libro como ese, lo llevé a casa  comencé a leerlo. Luego de leer las dos primeras hojas comencé a llorar. Por primera vez había encontrado algo que me dijo que había otro camino, y que habían otras personas que encontraron paz de este infierno.

Algunos meses antes, mi obispo había recibido información sobre una conferencia a realizarse sobre gente que tenía atracción hacia el mismo sexo. Habíamos decidido ir juntos. La organización era Evergreen. Allí me puse en contacto telefónico con Mike para pedirle información sobre la conferencia. Desafortunadamente la reunión ya había tenido lugar la semana anterior. Seguí hablando de vez en cuando con Mike mientras esperaba hasta la próxima conferencia.

En ese período me las ingenié para involucrarme en una relación  no saludable y muy dependiente con otro hombre. Cuando esta relación terminó pensé que eso iba a ser el fin de mi mundo. Sólo tenía las fuerzas para hacer lo mínimo necesario para sobrevivir. Dormía cerca de 13 a 18 horas por día, y cuando estaba despierto, me sentía en el infierno. Sufría tanto que no pensé que era posible sentirme mejor. Aprendí lo que era orar sólo para sobrellevar los próximos cinco minutos. Ese fue el único momento en que sentía paz. Oraba constantemente, porque sentía que estaba al borde de mi vida. Lentamente comencé a sentirme mejor. Luego de los primeros días, fui capaz de orar para sobrellevar la próxima media hora, luego una hora, hasta llegar al día. Esa fue una de las experiencias más templantes y difíciles de mi vida. A través de este proceso aprendí que podía sobrellevar gran dolor, un dolor más fuerte  de lo que jamás haya sentido. Sólo pude haber hecho ésto porque Dios estaba a mi lado, guiándome lentamente. Esta fue una gran lección para mí, y aún hoy permanece viva. Aprendo más cuando Dios está guiándome lentamente, y educándome a lo largo del camino.

A través de este proceso comencé a tener más estima, amor y comprensión por mí mismo. Aprendí que necesitaba gastar menos energía en querer superar la atracción por los hombres, y que debía gastar más energía en controlar las cosas que alimentaban esa atracción. Aprendí mucho acerca de codependencia, tomar riesgos y decisiones, y tener más cuidado conmigo mismo. Me arriesgué haciendo cosas como aprender a esquiar sobre el agua con nuevos amigos que hice en la Iglesia. Dios me indicó a mejorar mi vida de muchas maneras, lenta y cuidadosamente, tal como postularme nuevamente a un trabajo en el cual ya había sido rechazado. Terminé obteniendo ese trabajo, y pronto fui ascendido. Mi salario y mi posición me ayudaron a sentirme que valía más. También comencé a ver que habían más opciones en la vida, y que tomar los riesgos era una parte necesaria para alcanzar el éxito. Aprendí que podía hacer y alcanzar mucho más de lo que jamás pensé. Aprendí que yo tenía un lugar en el mundo. Aprendí que yo era importante para Dios.

Al año siguiente (dos años atrás) fui a mi primera conferencia de Evergreen. Allí aprendí muchas cosas importantes. La conferencia me convenció de que podía usar los grupos de apoyo, y de que ellos eran un lugar sin peligro. A la semana siguiente comencé a ir a un tal grupo de Evergreen en Salt Lake City. Desde entonces también he participado en el grupo de Salt Lake City South, y actualmente estoy en el grupo de Provo, Utah. He hecho grandes amigos de ambos tipos, los que sufren de atracción por el mismo sexo y de aquellos que no.

Trabajé en mí mismo con la ayuda de Allen Gundry de los Servicios Sociales de la Iglesia por cerca de un año. En ese entonces, Allen tenía problemas de salud lo que hizo que dejara de trabajar con pacientes individuales. Mi tiempo con Allen fue invalorable. Con su ayuda progresé más de lo que nunca imaginé. Actualmente estoy buscando a otro terapeuta, porque sé que trabajar con un buen profesional que entiende estos temas es vital para mi recuperación.

Mi vida continúa cambiando y yo continúo creciendo. También sigo luchando. Una de las cosas que aprendí luego de romper mi relación codependiente fue que el dolor es el catalizador de nuestra salud. Los momentos de grandes cambios en mi vida siempre han sido los más incómodos y dolorosos. Creo firmemente que hay una relación entre el dolor y el proceso de cura. El acto más grande que jamás se hizo fue el de curar las almas de toda la humanidad, y el costo de ello fue el indescriptible dolor de nuestro Salvador.

A lo largo de este proceso he leído mucho, he tomado riesgos, y me he analizado interiormente. Gracias al apoyo de amigos, de terapeutas, y de Dios, he recorrido mucho camino a lo largo de estos últimos tres años. Todavía tengo mucho por recorrer, pero sé desde lo más profundo de mi corazón que el proceso de cambiar existe, y que vale la pena. Aún tengo mucho por aprender acerca mío y de los demás, y practico tomar buenos riesgos. Todo esto es parte de lo que tengo que hacer para seguir creciendo y mantenerme saludable. Aún siento atracción por los hombres, a veces a menudo, pero eso no es nada en comparación con el infierno que viví antes. Solía ser extremadamente adicto a pensamientos sensuales  y buscar encuentros sexuales. Ahora, tengo una vida, y no sólo pensar en mi atracción por los hombres. Me tengo confianza, y tengo buenos amigos. Lo mejor de todo, es que cada día me siento mejor.